El estrés en México
En la versión digital de la revista Forbes, en su edición del 24 de agosto de 2017, se publicó un artículo con el encabezado siguiente: “Mexicanos, los más estresados del mundo por su trabajo”. El autor comenta que México es el país con el mayor porcentaje de casos de estrés vinculados al trabajo. Tres cuartas partes del total de los trabajadores padecen síndrome de Burnout o fatiga por estrés laboral.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que México ocupa el primer lugar en casos de estrés laboral, por arriba de países como China (73 por ciento) y Estados Unidos (59 por ciento). La OMS señala que una mala organización del trabajo, es decir, la forma en que se definen los puestos y los sistemas de trabajo, y la manera en que se gestionan pueden provocar estrés laboral. El estrés, depresión y ansiedad generan pérdidas anuales equivalentes a 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) global, de acuerdo con estimaciones de la OIT. El estrés ocasiona pérdidas por 16,000 millones de pesos a empresas mexicanas anualmente.
En México, el periódico El Universal publicó en julio de 2013, en su dirección web, un artículo según el cual la empresa GNP Seguros reporta que en las encuestas realizadas por el IMSS se afirma que 75 por ciento de los mexicanos padece estrés laboral y que del total de 75 mil casos de infarto que se presentan anualmente la cuarta parte deriva de una enfermedad relacionada con dicho factor.
Algunas aseguradoras mexicanas se han preocupado por difundir en sus páginas web los síntomas del estrés como medida de prevención. Tal es el caso de Mapfre, Seguros BBVA y Seguros Atlas.
Los autores Óscar Cuauhtémoc Aguilar Rascón, Rafael Posada Velázquez y Nuria Beatriz Peña Ahumada publicaron bajo el sello de la editorial Pearson un estudio titulado El estrés y su impacto en la productividad: estudio en los directivos de las micro- y pequeñas empresas en México, el cual se realizó con la participación de 55 grupos de investigación que conforman la Red Latinoamericana de Administración y Negocios (Relayn), quienes examinaron varias regiones económicas, cubriendo un total de 145 municipios de México. El estudio en el marco teórico comenta que los investigadores y académicos que estudian las micro- y pequeñas empresas continuamente buscan respuestas a preguntas acerca de lo que ocurre dentro de ellas: cómo, por qué y por quién. Dichas preguntas son interesantes por la diversidad y complejidad que las envuelve (Mayson, 2011); y, como resultado de dicha diversidad, las investigaciones tienen dos perspectivas: desde las limitaciones para el crecimiento y la sustentabilidad, que abordan temas como el acceso limitado al financiamiento, a la formación empresarial, al uso de tecnologías recientes y su posicionamiento en los diversos mercados, la mala infraestructura y habilidades limitadas de la gestión empresarial (Chiware & Dick, 2008), hasta los factores del éxito de las empresas desde la perspectiva de los directivos, segmentándolo por edades y género y relacionándolo con factores sociodemográficos (Katongole, Ahebwa & Kawere, 2014).
La percepción sobre las limitantes y el éxito ha sido abordada en modelos cuantitativos y cualitativos, por lo que invita a reflexionar sobre el papel que desempeñan los directivos de las mype para el logro de los objetivos (López, Claver & Molina, 2011), los factores internos y externos que impactan en los resultados y cómo estos factores impactan en la salud mental (estrés percibido) de los directivos (Mackie, Holahan & Gottlieb, 2001). Los autores del estudio expresan que el estrés es un tema que atrae cada vez más la atención de los diversos grupos de interés, como empresarios, funcionarios, investigadores, académicos, entre otros, especialmente por la relación que tiene con los resultados en las empresas. De acuerdo con el grado de competitividad de las empresas y su relación con la economía, las mype enfrentan retos como consecuencia de la globalización, la liberalización y los mercados de privatización; y la entrada de cadenas comerciales, que poseen un grado mayor de estructura y de recursos, han provocado que los directivos de las mype experimenten frustración, tensión y ansiedad relacionadas con la agresividad en el posicionamiento de dichas empresas trasnacionales y en el ambiente laboral.
La Universidad Tecnológica de Tecámac publicó en 2016 un documento cuyos autores (María Cruz, Efraín López, Rocío Cruz y María Eustolia Llanillo) titularon El estrés laboral en México. En él se señala que aproximadamente 40 por ciento de los empleados mexicanos padece las consecuencias del estrés laboral, es decir, cerca de 18.4 millones de personas. Se hace notar en dicho estudio que el estrés laboral está subiendo posiciones en las economías emergentes, que tienden a exigir un esfuerzo extra a sus trabajadores. Las importantes pérdidas económicas debidas al mayor ausentismo y a la reducción de la productividad son sólo uno de sus efectos. Las estadísticas señalan que los hombres tienen mayor probabilidad de sufrir estrés laboral que las mujeres. En lo que se refiere a la edad, los jóvenes de entre 18 y 30 años parecen ser los más propensos a sufrirlo. Entre las causas más comunes destacan las presiones por parte de superiores y clientes (con 36 por ciento), seguidas de la falta de estabilidad laboral (miedo a ser despedidos), la excesiva carga de trabajo y las dificultades económicas.
El estudio menciona asimismo que el estrés laboral, según un estudio elaborado por la OIT, podría suponer pérdidas de entre el 0.5 y 3.5 por ciento del PIB de los países. Si bien no existen datos estadísticos sobre las pérdidas económicas que el estrés laboral produce en México, las estimaciones suponen pérdidas anuales aproximadas de entre 5000 y 40 000 millones de dólares; esto es, como media, unos 0.3 billones de pesos mexicanos al año.
El Inegi especifica en el documento de Estadísticas sobre el Día Mundial de la Justicia Social lo que se entiende por trabajo decente, y expresa lo que debería ser, en el mundo globalizado, un buen trabajo o un empleo digno. No es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado; no es decente el trabajo que alienta la discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social; ni aquel que excluye el diálogo social y el tripartismo. Al evaluar los progresos sobre el trabajo decente, se debe tomar en cuenta el acceso al empleo y la formalización laboral (seguridad social, duración de la jornada laboral, salario), la erradicación de cualquier forma de explotación laboral, como el trabajo infantil y el trabajo forzado, y fomentar el equilibrio entre la vida laboral, familiar y personal.
El documento del Inegi señala también que la existencia de un contrato laboral significa más posibilidades de acceso a las prestaciones de seguridad social. El 44.8 por ciento de los trabajadores subordinados y remunerados no tienen un contrato por escrito, lo que los sitúa en un estado de vulnerabilidad laboral y, como consecuencia, en un estado continuo de inestabilidad emocional y situaciones estresantes. Entre los trabajadores subordinados y remunerados que sí cuentan con un contrato por escrito (54.2 por ciento), 82.4 por ciento tiene contrato por tiempo indefinido, son de base o planta; 17 por ciento cuenta con un contrato temporal; y en 0.6 por ciento de los casos no se especificó el tipo de contrato.
Por último, el documento hace una seria reflexión respecto del balance vida-trabajo, en el que los cambios sociales, demográficos y económicos han generado nuevas dinámicas laborales y familiares y nuevos retos para los empleados y empleadores, por lo que tiene gran relevancia. La incompatibilidad de las actividades familiares y laborales se relaciona con mayores riesgos de deterioro de la salud, un mal desempeño en la función parental, tensión psicológica, ansiedad, irritación frecuente, depresión, estrés laboral y diversos problemas psicosomáticos, derivados de las tensiones provocadas por el desempeño simultáneo de los roles laborales y personales.
La Fundación Mapfre (España) menciona en su sitio web que el estrés y la fatiga son la cuarta causa de accidentes mortales en carretera; que el estrés es difícil de detectar, salvo por uno mismo, y que casi 80 por ciento de los conductores padece estrés al volante.
Sigue señalando la fundación que el estrés provoca nerviosismo, irritabilidad y dificultades para la concentración y la atención. Uno de cada tres accidentes mortales tiene como causa el cansancio o el sueño; no obstante, y muy a pesar de esa situación, ¡tres de cada cuatro conductores declaran haber conducido con sueño! El sueño es un enemigo invisible que a veces llega sin avisar. Ocho de cada diez conductores no identifican los síntomas de la fatiga. Los accidentes de tráfico provocados por el sueño son cuatro veces más graves que los provocados por el alcohol.
Estimado lector, sin duda el estrés, ya considerado como una enfermedad grave, está aumentando a pasos acelerados en México, principalmente en aquellas entidades donde la sana convivencia y la armonía derivada de la tranquilidad y paz están desapareciendo, ya sea por inseguridad, impunidad, corrupción, criminalidad o falta de valores familiares y sociales.
La Zona Metropolitana de Ciudad de México es cada vez más un área de alta incidencia de problemas relacionados con el estrés; esto repercute en la salud de sus habitantes, daño que se traduce en impactos importantes en el bolsillo de las personas y de las empresas en las que laboran; en las empresas de seguros que proveen coberturas de Gastos Médicos y en los sistemas de seguridad social.