Hablar de depresión es cosa seria; aunque el padecimiento se ha banalizado recientemente por culpa de múltiples artículos escritos en las llamadas “revistas del corazón”; además de que el concepto se utiliza de forma muy superficial. Sin embargo, la depresión es una enfermedad terrible que puede llegar a la muerte, pues el suicidio es una posibilidad latente siempre en quien la padece.
La palabra depresión proviene del latín depressio, que significa ‘opresión’, ‘encogimiento’ o ‘abatimiento’, y designa uno de los trastornos psiquiátricos más antiguos de los que se tiene noticia. En un principio fue denominada como melancolía; sin embargo, actualmente se sabe que depresión y melancolía no representan lo mismo.
El término melancolía tiene su origen en Hipócrates, y no dejó de usarse indistintamente (al lado de depresión) hasta el Renacimiento. En el año 1725 el médico (y poeta) británico sir Richard Blackmore nombra a este padecimiento como depresión. Durante todo ese tiempo y hasta el siglo XIX, en su origen, diagnóstico y tratamiento se incluía la magia, las creencias religiosas, el sentido común y una mezcla de cuidados de carácter empírico, como “aires”, dietas, paseos, música, colores, etcétera. Por cierto, eso mismo se hacía con el resto de los trastornos mentales en esas épocas.
A todo lo largo de la historia, esta enfermedad fue mostrando su importancia por medio de los escritos, novelas y de las obras de arte. Incluso antes de que tuviera su propio nombre, el padecimiento ya era catalogado entre los principales tratados médicos de la Antigüedad. Durante el romanticismo se utilizó frecuentemente como recurso artístico, dada su estrecha relación con la esfera emocional: desde Goethe hasta Camilo Castelo Branco en la literatura; en pintura, la melancolía y depresión siempre fue tema de grandes pintores y escultores. Y no hablemos de los artistas que la han padecido, que también formaríamos un listado extenso a lo largo de la historia: Van Gogh, Beethoven, Hemingway, Tolstói y muchos otros que, al no tener un diagnóstico confirmado (quizá ninguno de los nombrado lo tuvo), se especula que su grandeza solo era equiparable a su estado de ánimo, tan lastimado.
Si el lector ha sido atento, hasta el momento no se ha descrito ningún signo o síntoma de la enfermedad. Esto ha sido con la intención de no trivializar su importancia. Ahora podemos empezar a platicar sobre la depresión. Ésta se caracteriza por sentimientos de tristeza, infelicidad y culpabilidad, además de una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y acontecimientos de la vida cotidiana.
El término médico hace referencia al conjunto de signos (rasgos medibles de una enfermedad) y síntomas (rasgos no medibles de una enfermedad) que afectan principalmente al plano afectivo: la tristeza constante, el decaimiento, grave irritabilidad, una sensación de malestar, impotencia y frustración; disminución en el rendimiento laboral o escolar y aminoración de la actividad familiar y social, independientemente de lo que origina el padecimiento.
El diagnóstico es principalmente clínico, y debe diferenciarse de cuadros parecidos, como los trastornos de ansiedad. Algunos otros síntomas de depresión pueden ser: estado de ánimo irritable o triste en gran parte del día; pérdida de placer en actividades que el enfermo comenta que solían causarle contento; baja importante en toda actividad sexual; dificultad constante para conciliar el sueño durante la noche, o durante el día somnolencia persistente; cambios importantes en el apetito, a menudo con pérdida de peso; aunque se puede encontrar aumento de peso, cansancio y fatiga sin motivo aparente; sentimientos de odio y culpa hacia sí mismo; sensación de inutilidad o de ser un estorbo para familiares y amigos; dificultad para concentrarse hasta en las tareas más cotidianas y aprendidas; movimientos lentos y torpes; sentimientos constantes y persistentes de desesperanza y abandono; y pensamientos repetitivos de muerte o suicidio.
Es importante recalcar que esta sintomatología no dice nada cuando aparece uno o dos síntomas aislados, aunque sea por un periodo de tiempo largo; es el conjunto de todos lo que aclara el panorama al médico frente al paciente deprimido.
Es muy común ver a personas sanas identificarse como enfermos de depresión y ser tratados por medicinas alternativas, cuando en realidad tienen algún otro trastorno físico o mental que no tiene nada que ver con la depresión. Esto provoca una ligereza inconveniente en la forma de tratar el tema en lugares públicos y en medios de comunicación masiva y revistas no especializadas y de conocimiento general.
Existen muchos tipos de depresión. Se ha elaborado un sistema de clasificación de todas las enfermedades mentales que está compendiado en un libro titulado DSM (más el número de la edición (la vigente es la quinta, del año 2013), consignado ahora en numeración arábiga (en la anterior todavía se utilizó la romana)). Su nombre completo es Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (Manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales). Es editado periódicamente por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, y es uno de los manuales más utilizados en la medicina moderna. Con esto se pretende que la comunidad científica pueda hablar el mismo idioma.
Decíamos que existen varios tipos de depresión, y éstos a su vez tienen subdivisiones. Por cuestión de espacio no nos enfocaremos sino en la depresión mayor, que abarca: a) trastorno depresivo mayor; b) trastorno distímico; c) trastorno depresivo mayor no especificado; y d) depresión por duelo.
Para que se entienda lo complicado que es establecer el diagnóstico de depresión, tomaremos de ejemplo lo que se necesita para establecer el diagnóstico de depresión mayor. Se deben presentar cinco (o más) de los síntomas arriba mencionados durante un periodo de dos semanas, y tales síntomas deben representar un cambio importante o drástico respecto del desempeño previo del paciente; de los cinco, uno debe ser el estado de ánimo depresivo o pérdida de interés o placer en actividades que antes se disfrutaban.
Además de todo lo anterior, los síntomas que presente el paciente deben ser ajenos a los criterios de un episodio mixto o de otro tipo de enfermedad mental. Los síntomas de la depresión mayor provocan malestar clínicamente significativo o deterioro del funcionamiento social, laboral o de otras esferas importantes. Estos síntomas no obedecen a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (drogas o medicamentos) ni a una enfermedad médica general (hipotiroidismo, por ejemplo).
Se debe tomar en cuenta también, para establecer el diagnóstico de depresión mayor, lo siguiente: los síntomas no son mejor explicados por duelo; es decir que, tras la pérdida de un ser querido, los síntomas persisten por más de dos meses o se caracterizan por visible deterioro funcional, preocupación mórbida con desvalorización, ideación suicida, síntomas psicóticos o retraso psicomotor.
La Organización Mundial de la Salud destaca que la depresión constituye un problema importante de salud pública. Más de 4 por ciento de la población mundial vive con este diagnóstico, y las personas más propensas a padecerla son las mujeres, los jóvenes y los ancianos. En México, la depresión ocupa el primer lugar como causa de discapacidad para las mujeres, y para los hombres el noveno. Se estima que 9.2 por ciento de la población ha sufrido depresión; que una de cada cinco personas sufrirá depresión antes de los 75 años, y que los jóvenes presentan tasas mayores de incidencia.
En México, el Inegi reportó que 34.85 millones de personas se han sentido deprimidas, de las cuales 14.48 millones eran hombres y 20.37 millones eran mujeres. El organismo destaca que en el país, del total de personas que se han sentido deprimidas, únicamente 1.63 millones toman antidepresivos, mientras que 33.19 millones no lo hace; del total de personas que toman antidepresivos, alrededor de 414,000 son hombres y 1.22 millones son mujeres.
La depresión en mujeres puede tener relación con cambios hormonales, la maternidad, el matrimonio, la violencia de género y el abuso sexual en la infancia o adolescencia. Este padecimiento puede ser el factor desencadenante que podría explicar la diferencia entre sexos.
La depresión normalmente se considera un padecimiento crónico o recurrente, lo que provoca, como hemos visto, el desenvolvimiento errático del enfermo frente a los demás (la familia, la escuela, el trabajo), y esto trae como consecuencia problemas para afrontar las adversidades cotidianas de la vida.
Todo paciente con depresión debe tomar tratamiento farmacológico, permanecer vigilado por su médico tratante y utilizar psicoterapia, ya que estas personas en cualquier momento y por cualquier circunstancia pueden albergar ideas suicidas, y en el momento menos pensado concretar el acto. Es por ello por lo que esta enfermedad no debe tomarse a la ligera, ni se ha de utilizar el término de forma incorrecta solo porque nos sentimos tristes o porque tuvimos un día pésimo.
Desafortunadamente, ningún seguro de Gastos Médicos Mayores cubre el diagnóstico de depresión, ya que, además de que es un mal difícil de diagnosticar y tratar, es complicado determinar su inicio y origen. Y ahí no acaban las restricciones: ninguna lesión autoinfligida, ya sea por este diagnostico o por cualquier otro, es cubierta por ninguna compañía aseguradora.
Enrique W. Alarcón Martínez es médico y director de Operaciones en Médicos Asociados Nocrala Selarom, Dictamed.