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Por: Alma G. Yáñez Villanueva

a.yanez@elasegurador.com.mx

A 20 años de su creación, el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) en México ha funcionado razonablemente bien. El ahorro está creciendo rápidamente y con buenos rendimientos; sin embargo, el sistema está construyendo una estructura de primer mundo, muy potente, pero que no se está explotando, debido más a una serie de restricciones y trabas de orden político y exógeno, es decir, externas al sistema de pensiones, que a factores endógenos.

Así se expresó Carlos Ramírez Fuentes, presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) y fue claro y contundente: para empezar, los que están ahorrando están ahorrando poco. Eso lo sabe todo el mundo, pero hay que repetirlo. Siete de cada 100 pesos no alcanzan para una pensión en ninguna parte del mundo; y no hay que engañarnos, porque hay algunas personas que afirman que son precisamente las afores las culpables de las bajas pensiones.

El presidente de la Consar fue directo al externar sus puntos de vista con relación a este tema en entrevista con Revista Mexicana de Seguros y Fianzas. Se refirió a la realidad, a los retos y expectativas para la población mexicana si no se endereza el rumbo y se fortalece el sistema, “para que nos dé tiempo todavía de incidir en las subvenciones de la generación que va a empezar a pensionarse en el año 2035”.

¿Cuáles son las principales trabas que se le han presentado al Sistema de Ahorro para el Retiro en estos 20 años, desde su implementación?

Empecemos con un balance. Tenemos un sistema de pensiones que en 20 años ha funcionado razonablemente bien: el ahorro está creciendo rápidamente y tenemos un sistema que desde el punto de vista operativo funciona así de manera automática. Ya son 850 mil patrones que aportan sin ningún tipo de inconveniente los recursos que corresponden a la seguridad social. Los recursos fluyen a las cuentas individuales de los trabajadores. Se conoce poco y se menciona menos, pero es un gran logro haber construido una infraestructura como la que se tiene en las pensiones.

Los rendimientos han sido buenos. Estamos preocupados por el futuro, pero han sido 20 años de rendimientos constantes arriba de la inflación, de 5 por ciento. Esto es un dato importante, significativo y valioso, porque dicho rendimiento ha permitido que las cuentas individuales de los trabajadores obtengan 44 pesos de cada 100; de esa magnitud es el provecho que ha generado el sistema.

En un sistema de beneficio definido, lo anterior nunca hubiera sido posible. En términos generales, el sistema ha funcionado bien, seguro, confiable y, por supuesto, ha acumulado los recursos como se planeó y se previó, generando una estructura en el país que se utiliza cada vez más para actividades productivas.

En cuanto a las trabas… Bueno, yo prefiero hablar de retos. Me parece que este sistema se está construyendo como una estructura de primer mundo, muy potente, pero no estamos explotándola. Es como si fuera una carretera hermosa, construida con los mejores materiales, y cuyo tránsito fuera inconvenientemente escaso.

Esa situación de poco aprovechamiento obedece más a una serie de factores que, en realidad, son restricciones o trabas de orden más bien político y obviamente exógeno que a factores endógenos, propios del sistema.

Me refiero a que los que están ahorrando están ahorrando poco. Eso lo sabe todo el mundo, pero hay que repetirlo. Siete de cada 100 pesos no alcanzan para una pensión en ninguna parte del mundo; y no hay que engañarnos, porque hay algunas personas que erróneamente aseveran que son las afores las culpables de las bajas pensiones. No. El único culpable de las bajas pensiones será la baja aportación que hicimos a lo largo de nuestra vida laboral.

En otras palabras, el culpable no es el sistema; es la aportación que está determinada por ley y que no ha sido posible cambiar. Por otro lado, solo cuatro de cada 10 mexicanos están ahorrando en el sistema de manera regular. ¡Esto sucede en un país de gente joven, que está en franco proceso de envejecimiento y lo estará más a partir del año 2030! El asunto es qué vamos a hacer con esos otros seis. ¿Por qué no estamos haciendo más para atraerlos hacia el sistema de pensiones?

Hay muchas razones, pero la realidad es que hemos dejado de lado el tema de los trabajadores independientes y cómo acercarlos al sistema; y esto, finalmente, nos ha alcanzado. Por otro lado, los rendimientos que tenemos han sido desfavorables, pero a todas luces se observan señales y tendencias de que van a ser menores en el futuro, y no estamos haciendo los cambios requeridos en materia legal para flexibilizar el régimen de inversión y darles más oportunidad a las afores para que inviertan de mejor manera los recursos, y sobre todo, para que tengan una mejor diversificación de portafolios. Hay límites de inversión que no se justifican ya para un sistema de pensiones tan maduro (20 años), pero ahí siguen, y no ha sido posible enfocar dicha anomalía.

También tenemos poco ahorro voluntario. ¿Alguien podría responder por qué el mexicano no tiene capacidad de ahorro? No le falta motivo. Sin embargo, hay factores adicionales a la escueta respuesta de que no hay recursos para ahorrar. Más bien no hay incentivos suficientemente claros para que el ahorrador se acerque y ponga un poquito más de su ingreso. Si esos incentivos estuvieran perfectamente bien difundidos, promovidos, la historia sería distinta.

Y, bueno, en el SAR hay factores endógenos que tienen que ver con la competencia del sistema, con las comisiones, con los traspasos, las facultades que tiene la Consar para conminar a las afores a hacer mejor las cosas. En fin, esos factores están presentes y son parte de las trabas que tenemos en el sistema. Sí, son mal del sistema propio, pero este escollo también requiere un cambio de ley.

Al final del día, buena parte de la imposibilidad de esta carretera que hemos construido todos los mexicanos de manera más clara y más rigurosa tiene que ver con que no hemos podido lograr cambiar la ley.

Hablaba usted de ciertos factores que impiden que los mexicanos ahorren más. ¿Cuáles serían estos factores, aparte de la falta de incentivos?

El económico es innegable. Los mexicanos no tenemos una capacidad de ahorro enorme; es algo del día a día de la economía. En otros países del mundo, aun con ingresos “acortados o limitados”, las personas llegan a ahorrar un poco más de su ingreso. Esto se hace de manera gradual para no afectar de un día para otro ni de un año para otro su bolsillo. Pero también se les da la opción de decir que no. Es decir: poniéndolos en un camino del sí, pero dándoles la opción también de decir que no. Esos incentivos a los que me refiero implican que las personas tienen que sentir que vale la pena ahorrar.

Los esquemas que se han probado en otras partes del mundo funcionaron dándoles a los trabajadores una contribución complementaria si ellos aportaban y hacían el esfuerzo propio de ahorrar. Entonces, yo diría que de los factores que explican que no haya más ahorro voluntario en el sistema, dos ya se han hemos atajado.

Uno era la dificultad de ahorrar. La necesidad de ir a una sucursal, llenar un formato y hacer todo un trámite que nadie quería hacer y nadie hacía. Consecuencia de ello es que en 15 años acumulamos 15 mil millones de pesos de ahorro voluntario. ¡Nada!

Otro obstáculo tenía que ver con la molestia de ir a la sucursal, hacer el trámite que ya mencioné y desde el teléfono celular poder ahorrar. Estos factores, el teléfono celular y la simplificación de trámites, debemos explotarlos en el país.

Luego de este balance que nos presenta, y de acuerdo con su perspectiva, ¿se ha cumplido el objetivo que se propuso el SAR al momento de su creación?

Es una buena pregunta, y creo que todo depende del cristal con que miremos dicho objetivo. Si hoy vemos lo que tenemos, que es un universo de cuentas con 58 millones de ahorradores (20 millones de ellos frecuentes), pero 58 millones que han abierto en algún momento una cuenta individual; tres billones de pesos de ahorro (15 por ciento de Producto Interno Bruto), poco a poco una cultura mayor respecto al ahorro para el retiro y recursos cada vez más grandes canalizados a actividades productivas, sí se han cumplido los objetivos para los que se creó.

Tal vez cuando arrancó el sistema se prometieron demasiadas cosas. No se dijo con toda la claridad que lo que se iba a ahorrar en la afore no iba a ser suficiente. En ese sentido, también se pensó que el sistema por sí mismo iba a ser capaz de atraer a más participantes del sector independiente e informal en automático cuando vieran los beneficios de ahorrar en una afore, y eso no ha ocurrido.

Si se lee la exposición de motivos en la reforma a la Ley del IMSS de 1995, esos factores constituyen una historia de claro-oscuros. Hay cosas muy positivas que sí se han cumplido.

Se ha dicho que las afores han favorecido, o siguen favoreciendo, al Gobierno en vez de beneficiar a los contribuyentes. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Creo que hay una mala concepción y un mal entendimiento de ese factor. Pensar que las afores benefician al Gobierno es una visión no solo incompleta, sino una visión bastante angosta, con todo respeto.

Con esto quiero decir, primero, que el Gobierno Federal se financia como cualquier otro gobierno: a través de los mercados financieros. No hay un solo gobierno en el mundo que no emita deudas en sus mercados financieros locales. Y ese financiamiento no le sirve al Gobierno; les sirve a los ciudadanos. No es correcto creer que ese dinero le favorece al Gobierno. Le favorece al Estado mexicano.

¿Con qué se les paga a los maestros de las escuelas públicas, a los doctores del Issste y todos los servicios que se ofrecen? ¿Que hay una discusión respecto a que ciertos servicios podrían mejorar? Sí, pero eso es otra historia. Al final del día, el Gobierno emite deudas para financiarse y ofrecer ciertos servicios a la sociedad. Desde ese punto de vista, no es justo decir que el Gobierno se beneficia. Lo más importante dentro de esta discusión es qué hacen las afores: estas instituciones son un participante más del mercado de deuda pública del país. El Gobierno tiene ahora dos tipos de emisiones, principalmente los llamados N Bonos, que son bonos a tasa nominal.

Las afores no son el principal participante, sino el más directo del universo de inversionistas que participan financiando la deuda del Gobierno. No son el único ni el más grande. Están las aseguradoras, los bancos extranjeros, los fondos de inversión. Es decir, ya hay una red muy amplia de participantes.

En la parte de los bonos, que es tasa real, hay una participación más activa por parte de las afores. Y, si hay un elemento muy peligroso siempre en materia pensionaria es la inflación. Y, cuando vemos que el portafolios de las afores sigue muy concentrado en deuda gubernamental, yo he dicho públicamente que pienso que debería estar más diversificado y que ciertamente sale del portafolio y que ciertamente tendría que haber menos exposición a la deuda gubernamental por parte de las afores.

Esto ocurre no por la razón que se alega de que las afores benefician al Gobierno, porque ahí hay un acuerdo implícito. No. Ocurre porque las afores no tienen dónde poner el dinero. Y el lugar donde más seguro está, con una tasa razonablemente buena, es la deuda gubernamental.

Ahí es donde entra esta discusión de que tendríamos que flexibilizar el régimen de inversión, permitir mucho más que las afores se inviertan fuera, y el mercado financiero mexicano sigue siendo muy pequeño en términos relativos. Tendríamos que darles más oxígeno a las afores para que busquen diversificar mejor el portafolios. Y eso no lo hemos hecho.

Cuando las afores invierten en deuda gubernamental, el que termina resultando ganador no es el Gobierno; es el ahorrador, porque a través de esa inversión el gobierno le paga una tasa segura. No hay instrumento más seguro en el mercado que la deuda gubernamental, porque ésta no puede deflactar. Es prácticamente imposible.

Entiendo el punto de los que abogan por diversificación. Plenamente de acuerdo. El portafolios no está suficientemente diversificado. Desde la perspectiva de que las afores benefician al Gobierno, eso es una falacia.

Se ha hablado acerca de que, cuando se creó el Sistema de Ahorro para el Retiro, tomó como base mucho del sistema chileno. Se ha visto que en aquel país estas pensiones no alcanzan para continuar con el estilo de vida que acostumbraban… Al verse México reflejado en dicha realidad, ¿no se correría el riesgo de terminar de la misma forma?

Sin duda. Y es importante el contexto, pero ocurre que hay gente que platica la historia distorsionada y según su conveniencia.

Conozco muy de cerca el caso chileno, cuyo sistema pensionario es realmente bueno y funciona bastante bien, pero ciertamente ya está pagando pensiones y se ahorró menos de lo que se pensó. Además de otros factores que tienen que ver con la demografía chilena, con la situación de las mujeres en Chile en edad de retiro, con su expectativa de vida (que ha aumentado de una manera increíble) y con que es un país que ha tenido éxito en términos económicos y los salarios han crecido de manera constante en los últimos 30 años. Pero esto afecta al sistema de pensiones, porque el trabajador que ganaba hace 30 años 100 hoy gana 200, y su pensión se calculó en función de lo que ganó a lo largo de su vida laboral.

Pero, cuando llega esta etapa y le dicen que va a recibir una pensión de 40 o50 por ciento de su salario, lo que él no sabe es que al principio aportó sobre 100, es decir, aportó 10 por ciento, que es una tasa insuficiente.

Chile tiene una historia muy particular. Se tardó 27 años en hacer su primera reforma de pensiones. Esta situación no tiene que ver con el sistema, sino con una situación política: no se hicieron las reformas a tiempo. Cuando se hicieron, Chile hizo una gran reforma en 2008, una muy positiva. Pero la insatisfacción sigue ahí. Y a la gente no le importa la razón. Lo único que le importa es el monto de su pensión y dice: “Pensé que me iba a llegar una pensión de 70 u 80 por ciento”, y es que nadie le dijo claramente que ahorrando un 10 por ciento de su salario nadie le iba a dar para una pensión de 70 por ciento.

México está siguiendo el mismo camino. Tiene un buen sistema, pero el chileno es mucho mejor. Para empezar, ahorran más. México debe verse en ese espejo, pero no desde la errada actitud de “vamos a derrumbar el sistema, a quitar el sistema de pensiones porque no funciona”. Eso es absurdo. Vamos a fortalecerlo para que nos dé tiempo de incidir en las personas de la generación que va a empezar a jubilarse en el año 2035. Ésa debería ser la reflexión desde la óptica chilena.

Nosotros podemos todavía tener una ventana de oportunidad porque nos faltan 15 años para alcanzar esa historia. Pero se nos está acabando el tiempo; porque, si seguimos como vamos, sin alterar los parámetros del sistema, y llegamos al año 2035, y la gente empieza a ver tasas de reemplazo que en nuestro caso van a ser del 30 por ciento, la gente va a estar enojada. ¿Y a quién le va a echar la culpa? Al sistema, a las afores, cuando en realidad no es el sistema ni las afores el culpable de todo esto. Claro que éstas tienen su historia, y hay que atenderla (comisiones, rendimientos, ganancias), pero en realidad el problema en Chile tiene que ver con el bajo nivel de ahorro, con el aumento en la esperanza de vida, el aumento salarial durante los últimos 30 años y con factores externos que nada tienen que ver con el sistema.

¿Cuál sería el panorama a futuro de los nuevos beneficiarios del SAR si tomamos en cuenta que las nuevas generaciones nunca han aportado al sistema de pensiones de beneficio definido?

La generación de los millennials y las nuevas generaciones tienen que cobrar conciencia, y estamos trabajando para ello. Nos guste o no, ellos presentan un panorama más complejo que el de sus padres. Esa situación es una realidad, no algo con lo que podemos discutir. Al final del día es un hecho. Y su situación es más compleja porque el mercado laboral está cambiando y se está convirtiendo en un mercado mucho más flexible en el sentido de que la gente no cotiza o no se encuentra en una empresa durante toda su vida laboral, como ocurría anteriormente. Ya nadie se queda a trabajar 30 años en una empresa, y menos ocurrirá eso en el futuro.

Digamos, en primer, que los millennials van a tener un mercado laboral en donde la mitad del tiempo, si no es que más, van a estar dentro de la economía informal, sin cotizar a la seguridad social. Y estos sistemas de contribución definida se diseñaron pensando únicamente en el sector formal. Y, cuando cito esto, me refiero a independientes, empresarios, innovadores. Simplemente no están cotizando a la seguridad social.

En segundo lugar, los tamaños de las familias, muchas de las cuales tienen hoy padres mayores; esto es, persiste una red social en la que los hijos les ayudan. Esa situación era posible porque a veces había seis hijos. Pero ya no habrá seis, ahora va a haber dos. Y esos dos van a tener grandes retos.

Y, finalmente, el ambiente de los rendimientos futuros. No quiero decir que no se va a poder seguir pagando muy buenos rendimientos. Los últimos 30 años han sido muy buenos en materia de rendimientos en todo el mundo, pero el panorama para los próximos 30 se ve complicado.

Entonces, probablemente las pensiones sean menores en el futuro. Eso obliga a que los millennials tomen conciencia desde muy temprana edad de que deben empezar a ahorrar muy temprano. Si no tienen afore, deben abrirla.

Pero sí, esta generación enfrenta retos todavía mayores a los de sus padres. Es importante nuestro trabajo en la Consar, pero creo que toda la sociedad, tendría que consagrarse a ello y tomar conciencia de este reto que enfrenta el país en materia de pensiones.

La Consar planteó recientemente que se necesitaban más facultades para supervisar mejor. ¿Qué significaría que se las dieran y cuál sería el impacto de todo esto?

Hay tres o cuatro factores muy concretos que nos ponen en desventaja frente a otras autoridades del sector financiero. Por un lado, la Consar hoy por hoy tiene niveles de sanción muy acotados. Si yo en este momento detectara una situación muy grave dentro de una afore, mi capacidad y facultades de sanción están limitadas.

No puedo decir quién cometió la infracción. Eso lo puede hacer la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. No lo puedo hacer yo. Claramente, eso es otro factor que no me ayuda a disuadir.

El marco legal en general en el país es complicado para las autoridades, y no hay mucho que hacer; el problema es estructural más bien. Tiene que ver con montos, con la capacidad de contar. Tengo escasas facultades en materia de comisiones. Las tuve, muy valiosas, en los últimos años, pero esas ya se agotaron. En una reforma de ley que se hizo en 2009, el Congreso (sobre todo a la luz de la situación financiera del 2008) tomó la decisión de darle facultades a la Consar para que ésta regulara las comisiones.

Ha sido y fue una gran decisión del Congreso; nos ayudó mucho. Pero hoy ya encontramos una resistencia muy grande. Necesitamos más y mejores facultades en esta materia. Y ésta es una tendencia a escala mundial. En todo el orbe, las comisiones están a la baja. Los gobiernos han tomado medidas muy drásticas para combatir las altas comisiones.

Y la última facultad que me gustaría tener es para regular mejor el mercado comercial de las afores, todo lo que tiene que ver con traspasos, con agentes promotores y con el gasto comercial que éstas ejecutan.

Lo que ha quedado demostrado a lo largo de 20 años es que el sistema de pensiones no funcionó. Se pensaba que, por darle libertad al trabajador, éste solito iba a evaluar a la afore, sus rendimientos, comisiones de riesgo, elegir mejor.

La realidad es que eso no ha ocurrido. No es que yo quiera cerrar los traspasos. Ése no es el ánimo. Lo que sí me gustaría es tener mucho más control en ese mercado.

 

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